Tomar decisiones de inversión no es una tarea fácil. Y menos en un mercado tan volátil como el argentino que, en cuestión de días, pasa de una euforia desmesurada a una tristeza sin consuelo.
Aún están frescos en la memoria de los inversores las enormes pérdidas registradas en el dramático 2008, aunque lograron tomarse revancha en el último año.
Pero como si se tratara de compartimentos estancos, al menos en lo que va de 2010, la cuestión aún no es para festejar.
El siguiente cuadro es más que elocuente al respecto:

En plena crisis financiera global y local (2008) aquellos que decidieron apostar a las alternativas más conservadoras fueron, en definitiva, los que resultaron más beneficiados. En efecto, un plazo fijo promedio había rendido un 11% y el dólar un 10%. En tanto, los que se habían jugado por la renta fija, es decir los bonos nacionales, o por acciones debieron hacer frente a importantes pérdidas.
El 2009 fue diametralmente opuesto, ya que algunas colocaciones generaron suculentas ganancias, de más del 200% y, con ello, los inversores lograron recuperar las pérdidas del año anterior.
En lo que va de 2010 la cuestión es mucho más pareja, y ello incide a la hora de invertir.

